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jueves, 24 de febrero de 2011

CARLOS ALBERTO BAU. HOMENAJE

castillos de pincheira

acceso a la caverna de las brujas

caballos en la tormenta

caminitos de otoño

caminitos en el salto

condiciones extremas en el volcan Maipo

cóndor

cóndor II

conjunción de la naturaleza

despegue...

elegí el camino para llegar al cielo..

fuera de ruta

infierno en la cordillera

la paz tan soñada...

llegó la nieve a Mendoza

un picaflor en casa

un picaflor en casa II

volando por las alturas

vuelo en las nubes

volviendo a casa....

Carlos Alberto Bau, fue un fotógrafo argentino, que falleció junto a dos amigos en un accidente aéreo el 8 de febrero del 2010 al intentar perpetuarnos el deleite de sus fotografías...........Estas fotos fueron extraídas de su espacio en Internet, en el añoo 2008.

miércoles, 23 de febrero de 2011

PINTORES AMERICANOS. SUS OBRAS

Niña Apache. Alfredo Rodriguez. Méjico

Vínculos. Darío Ortíz. Colombia

Angel. David Grey. USA

Bodegón 3. David Grey. USA

Musa. David Grey. USA

El velo. Claudio Bravo. Chile

Sibila Italiana. Darío Ortiz. Colombia

Publicados por Gildardo Zambrano Patoja en el Album:
 Maestros del Realismo e Hiperrealismo (Facebook)

lunes, 21 de febrero de 2011

HERRERA Y REISSIG, Julio. DESOLACIÓN



Je serai ton cercuil,
aimable pestilence!…
Noche de tenues suspiros
platónicamente ilesos:
vuelan bandadas de besos
y parejas de suspiros;
ebrios de amor, los cefiros
hinchan su leve pulmón,
y los sauces en montón
obseden los camalotes
como torvos hugonotes
de una muda emigración.
Es la divina hora azul
en que cruza el meteoro,
como metáfora de oro
por un gran cerebro azul.
Una encantada Estambul
surge de tu guardapelo
y llevan su desconsuelo
hacía vagos ostracismos
floridos sonambulismos
y adioses de terciopelo.
En este instante de esplín,
mi cerebro es como un piano
donde un aire wagneriano
toca el loco del esplín.
En el lírico festín
de la ontológica altura,
muestra la luna su dura
calavera torva y seca
y hace una rígida mueca
con su mandíbula oscura.
El mar, como gran anciano,
lleno de arrugas y canas,
junto a las playas lejanas
tiene rezongos de anciano.
Hay en acecho una mano
dentro del tembladeral;
y la supersustancial
vía láctea se me finge
la osamenta de una Esfinge
dispersada en un erial.
Cantando la tartamuda
frase de oro de una flauta,
recorre el eco su pauta
de música tartamuda.
El entrecejo de Buda
hinca el barranco sombrío,
abre un bostezo de hastío
la perezosa campaña,
y el molino es una araña
que se agita en el vacío.
¡Deja que incline mi frente
en tu frente subjetiva,
en la enferma, sensitiva
media luna de tu frente,
que en la copa decadente
de tu pupila profunda
beba el alma vagabunda
que me da ciencias astrales
en las horas espectrales
de mi vida moribunda!
¡Deja que rime unos sueños
en tu rostro de gardenia,
Hada de la neurastenia,
trágica luz de mis sueños!
Mercadera de beleños
llévame al mundo que encanta;
¡soy el genio de Atalanta
que en sus delirios evoca
el ecuador de tu boca
y el polo de tu garganta!
Con el alma hecha pedazos,
tengo un Calvario en el mundo;
amo y soy un moribundo,
tengo el alma hecha pedazos:
¡cruz me deparan tus brazos,
hiel tus lágrimas salinas,
tus diestras uñas espinas
y dos clavos luminosos
los aleonados y briosos
ojos con que me fascinas!
¡Oh mariposa nocturna
de mi lámpara suicida,
alma caduca y torcida,
evanescencia nocturna;
linfática taciturna
de mi Nirvana opioso,
en tu mirar sigiloso
me espeluzna tu erotismo
que es la pasión del abismo
por el Ángel Tenebroso!
(Es media noche.) Las ranas
torturan en su acordeón
un “piano” de Mendelssohn
que es un gemido de ranas;
habla de cosas lejanas
un clamoreo sutil;
Y con aire acrobatil,
bajo la inquieta laguna,
hace piruetas la luna
sobre una red de marfil.
Juega el viento perfumado,
con los pétalos que arranca,
una partida muy blanca
de un ajedrez perfumado;
pliega el arroyo en el prado
su abanico de cristal,
y genialmente anormal
finge el monte a la distancia
una gran protuberancia
del cerebro universal.
¡Vengo a ti, serpiente de ojos
que hunden crímenes amenos,
la de los siete venenos
en el iris de sus ojos;
beberán tus llantos rojos
mis estertores acerbos,
mientras los fúnebres cuervos,
reyes de las sepulturas,
velan como almas oscuras
de atormentados protervos!
¡Tú eres póstuma y marchita
misteriosa flor erótica,
miliunanochesca, hipnótica,
flor de Estigia ocre y marchita,
tú eres absurda y maldita,
desterrada del Placer,
la paradoja del ser
en el borrón de la Nada,
una hurí desesperada
del harem de Baudelaire!
¡Ven, reclina tu cabeza
de honda noche delincuente
sobre mi tétrica frente,
sobre mi aciaga cabeza;
deje su indócil rareza
tú numen desolador,
que en el drama inmolador
de nuestros mudos abrazos
yo te abriré con mis brazos
un paréntesis de amor!

domingo, 20 de febrero de 2011

PINTURA LATINOAMERICANA. OBRAS

Woman still life. D. Ortiz.Colombia óleo sobre lienzo.

Manzanas.D. Ortiz. Colombia. óleo sobre lienzo

Peras. D. Ortíz. Colombia. óleo sobre lienzo

Espiral cítrico. D. Ortiz. Colombia. óleo sobre lienzo

Eva. D. Ortiz Colombia. óleo sobre lienzo

Amnesia. D. Ortiz. Colombia. óleo sobre lienzo

Publicados por:
 Gilardo Zambrano Patoja en Facebook. Album: Maestros del Realismo e Hiperrealismo.

viernes, 18 de febrero de 2011

EDUARDO SÍVOLI. El despertar de la criada

EDUARDO SÍVORI. PAISAJE

Paisaje con río y cascada. En el primer plano el río fluye entre peñascos hacia el ángulo inferior izquierdo. La cascada se ubica en el centro, levemente desplazada hacia la mitad superior. Se encuentra enmarcada por vegetación realizada en verdes fríos y cálidos que modulan la luz y contrastan con los tierras sienas tostados del primer plano. La pincelada es corta y en la vegetación hacia la derecha asume dirección vertical, en tanto que hacia la izquierda es multidireccional. Por sobre la vegetación aparece una pequeña fracción de cielo, que enmarcada por la vegetación, alcanza una forma semicircular. La materia es traslúcida, aún sin alcanzar el carácter de veladuras.
 Marco triple: extremos dorados, parte central entelada.
 Sobre ella plaqueta de bronce con leyenda: "Donación Fondo Nacional de las Artes" Al dorso: Inscripciones: - "33x43-00622A" - "33x43-00622" Obleas: Identificatoria del Museo Eduardo Sívori. E. Llambías. 14/10/98 .

jueves, 17 de febrero de 2011

AGUSTINI, Delmira. EXPLOSIÓN




Si la vida es amor, bendita sea !
Quiero más vida para amar ! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡ la vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea !

Hoy partió hacia la noche, triste, fría,
rotas las alas mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor
en la sombra lejana se deslíe...
Mi vida toda canta, besa, ríe !
Mi vida toda es una boca en flor !




martes, 15 de febrero de 2011

RUBEN DARIO. Responso a Verlaine



Padre y maestro mágico, liróforo celeste
que al instrumento olímpico y a la siringa agreste
diste tu acento encantador;
¡Panida! Pan tú mismo, con coros condujiste
hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,
¡al son del sistro y del tambor!

Que tu sepulcro cubra de flores Primavera,
que se humedezca el áspero hocico de la fiera
de amor si pasa por allí;
que el fúnebre recinto visite Pan bicorne;
que de sangrientas rosas el fresco abril te adorne
y de claveles de rubí.

Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo,
ahuyenten la negrura del pájaro protervo
el dulce canto de cristal
que Filomela vierta sobre tus tristes huesos,
o la armonía dulce de risas y de besos
de culto oculto y florestal.

Que púberes canéforas te ofrenden el acanto,
que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,
sino rocío, vino, miel:
que el pámpano allí brote, las flores de Citeres,
¡y que se escuchen vagos suspiros de mujeres
bajo un simbólico laurel!

Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya,
en amorosos días, como en Virgilio, ensaya,
tu nombre ponga en la canción;
y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche
con ansias y temores entre las linfas luche,
llena de miedo y de pasión.

De noche, en la montaña, en la negra montaña
de las Visiones, pase gigante sombra extraña,
sombra de un Sátiro espectral;
que ella al centauro adusto con su grandeza asuste;
de una extrahumana flauta la melodía ajuste
a la armonía sideral.

Y huya el tropel equino por la montaña vasta;
tu rostro de ultratumba bañe la Luna casta
de compasiva y blanca luz;
y el Sátiro contemple sobre un lejano monte
una cruz que se eleve cubriendo el horizonte
¡y un resplandor sobre la cruz!

lunes, 14 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

JUANA DE IBARBOUROU. Vista por AROTXA

JUANA DE IBARBOUROU, Supremo Triunfo


 Estoy ahora impregnada toda yo de dulzura.
Desde que me besaste, toda yo soy amor.
Y en la vida y la muerte, en lecho y sepultura,
ya no seré otra cosa que amor, amor, amor....
En la carne y el alma, en la sombra y los huesos,
ya no tendré más nunca otro olor y sabor,
que el sabor y el perfume que he absorbido a tus besos;
me has dado una fragancia, tersa y viva, de flor.
Hasta el último átomo de mi piel es aroma,
¡oh mortal podredumbre, te he vencido talvez!
Eres mi hermano , ¡Oh lirio! Eres mi hermana ¡oh poma!
Desde que él me besara, rosa mi cuerpo es.

sábado, 12 de febrero de 2011

jueves, 10 de febrero de 2011

miércoles, 9 de febrero de 2011

martes, 8 de febrero de 2011

PABLO MONTOYA. UTOPÍAS EMPANTANADAS


“Utopía”, así nombró Thomas Moro a una isla del Nuevo Mundo que un compañero de Americo Vespucio supuestamente conoció. Desde entonces, el libro fue publicado en Lovaina en 1516, el río de esas regiones magníficas, que han enloquecido a los hombres, sigue aumentando su cauce. En la invención de Moro, sin embargo, palpitan muchos sueños grecolatinos. La fuente de las utopías del siglo XVI está en la República de Platón, y en ciertos apartes de Los trabajos y los días de Hesiodo. Este último dice que los primeros hombres fueron de oro y vivían alegres y desconocían el sufrimiento. Para los antiguos, tales sitios maravillosos estaban ubicados, no obstante, en la distancia y eran inaccesibles. El Paraíso de la Biblia, Lactancio lo imaginaba rodeado por un impenetrable río de fuego. Y a las Islas de la Fortuna, cantadas por Píndaro en sus Olímpicas, sólo podían ir aquellos que conservaban el alma pura. Lejana también estaba la Isla de la Promisión, buscada por Brandano en su viaje medieval. Y más todavía, definitivamente imposible, la Ciudad Celeste de Agustín, en la cual conviven el amor a Dios y el desprecio que sus moradores deben tener de sí mismos.
“Feliz la tierra cuyo rey es sabio” escribió Jean de Salisbury en su Policrático. Y en efecto, los regentes de las ciudades utópicas del Renacimiento son todos sabios. Quienes gobiernan la isla de Moro pretenden que sus habitantes actúen como miembros de un mismo cuerpo, y respeten estrictamente leyes cortas y claras escritas sobre las columnas y las puertas del templo principal. En la Ciudad del Sol, de Campanella, los lúcidos gobernantes creen que la procreación está hecha para conservar la especie y no el individuo, y sus residentes han de ver en las calles el retrato de los hombres sensatos que conocen la ondeante condición humana. En la Nueva Atlántida de Bacon, esos mismos seres preclaros dicen que el hombre debe reinar sobre la naturaleza. Y en Oceana, la ciudad de James Harrington, un envidiable régimen democrático protege por siempre los bienes de cada uno de sus ciudadanos. Pero estas construcciones  tienen una característica que las une tristemente: todas son poblados o ciudades o reinos fortificados, sometidos al aislamiento. Y es que no hay utopía, por más sublime que sea, capaz de no ceder ante el peso de sus propios fantasmas. Ya sabemos que el festín de la Revolución francesa estuvo embadurnado de sangre. Todos esos nombres “Fiestas del Ser supremo”, “Paseos públicos”, “Fuentes de la regeneración”, “Fiestas de la razón”, “Ofrendas a la libertad” estuvieron sustentados sobre una  represión feroz. Y si los proyectos utópicos de los arquitectos revolucionarios, tales como Boullé, Ledoux y Lequeu, sorprenden por su belleza y su plenitud -la ciudad de Chaux ideada por Ledoux, por ejemplo, está fortificada no con murallas sino con senderos apacibles llenos de árboles- no hay que olvidar el revés de tanta luz: las cárceles del siglo XVIII que en Piranesi tienen una sombría expresión.
Desde los años en que Fourier propuso la felicidad de sus Falangerios, habitados por 1620 personas, por ser ése el número correspondiente a la combinación de las pasiones humanas; desde esas comunidades idílicas, sustentadas en el culto a la industria que caracterizó a las mentalidades positivistas; desde la Icaria igualitaria, fundada por Cabet y sus discípulos en América, hasta estos días neoliberales donde se abrazan la globalización y la dicha.com, la utopía ha desembocado en el fracaso. En el siglo XIX quizás la frustración de estos intentos producía pérdidas económicas en sus afiebrados impulsores. Pero en el siglo XX habrían de originar espanto. ¿Que más se podría esperar de un siglo que iniciaba con la frase futurista de Marinetti: “Queremos glorificar a la guerra, sola higiene del mundo”? Marx y Engels le hicieron creer a muchos que el comunismo era la meta y que uno de sus pasos, el socialismo, estaba al alcance de las manos obreras. La utopía universal marxista consiste en una inmensa República sin fronteras, carente de estados, de naciones, pero dueñas de una sola lengua. La Unión Soviética pretendió rozar este imposible. Y aunque al principio impresionó y conmovió a tantos, el ineluctable avance hacia el socialismo fraternal, cantado por las películas de Eisenstein, se cimentó en el horror, en lo mismo en que se habían sostenido el Nazismo alemán y el Fascismo italiano: el exterminio sistematizado del otro, del diferente, de toda oposición. Hoy podemos entender, sucedidos los genocidios del siglo XX, vislumbrando los que ya empiezan a planearse en el XXI, que si un estado obliga a los hombres a ser felices a través de la propaganda incesante, la eugenesia, la lobotomía y la quimioterapia, es inequívocamente totalitario. ¿Y qué decir frente a esas congregaciones utópicas de los años 60 como el hipismo y el mayo del 68? Ahora, al ver el viraje del mundo y de la historia, los índices de la guerra, la pobreza y la enfermedad y la alienación, producen un hondo desengaño. Los hipies terminaron esquizofrénicos, locos, suicidas, perdidos por siempre en su emblemática paz y en su estruendoso festival de Woodstook. Y los franceses de aquel juvenil mes culminaron en el negocio rentable de los campos nudistas, las tiendas de sexo y la cultura gurú del New age.  Las utopías buscan obsesivamente la transparencia, escribió por ahí Dostoyewski, ese ruso que creyó en una especie de ideal paneslavo. Pero si inician atraídas por lo cristalino, terminan ahogadas en el pantano.
La utopía ha tenido sus espacios. Pero el mejor de ellos siguen siendo los libros. En el papel es donde respiran a sus anchas, cargados con toda la imaginación delirante, esos lugares que en realidad no pueden existir. Como las ciudades de Italo Calvino, las utopías deberían ser invisibles, o mejor dicho, ser trazadas para que sólo sea posible conocerlas o palparlas u olerlas en los ámbitos del ocio.

Reciente ensayo del Profesor Pablo Montoya, publicado en su página el 7/2/11 y como siempre, brillante

CARMELO DE ARZADUM. Sus obras



lunes, 7 de febrero de 2011