
Para Pedro Leandro Ipuche.
Yo, la antigua guerrera, al mar arrojo
lanza y escudo, y tan desamparada
reconstruyo mi cielo y mi morada,
aquél sin dicha y ésta sin cerrojo.
¿Donde quedó mi soledad al rojo,
mi agresiva sonrisa apasionada,
y la palabra que no dijo nada,
y el orgullo tremendo del despojo?
... Ya ni la prisa ni la desventura;
ya ni el amor ni el odio ni la suerte
ni el obstinado afán de la aventura
ni el gozo triste o el quebranto fuerte:
ésta de ahora tiene la estatura
que cada día le enseñó la muerte.
Yo, la antigua guerrera, al mar arrojo
lanza y escudo, y tan desamparada
reconstruyo mi cielo y mi morada,
aquél sin dicha y ésta sin cerrojo.
¿Donde quedó mi soledad al rojo,
mi agresiva sonrisa apasionada,
y la palabra que no dijo nada,
y el orgullo tremendo del despojo?
... Ya ni la prisa ni la desventura;
ya ni el amor ni el odio ni la suerte
ni el obstinado afán de la aventura
ni el gozo triste o el quebranto fuerte:
ésta de ahora tiene la estatura
que cada día le enseñó la muerte.